sábado, 24 de febrero de 2007

Laura Restrepo, La novia oscura

El 2007 comenzó mi año de lectura un poco retrasado, pues lo empecé el 9 de enero con La novia oscura, de Laura Restrepo. Y no sólo hubo un retraso sino una lentitud lectora, pues concluí sus 448 páginas el 21 de febrero.

Después de mucho buscar esta novela y de haber perdido las esperanzas de hallarla, una noche mágica de diciembre del 2006 fui a la Gandhi y nomás por no dejar le pregunté al dependiente: “¿Tendrá La novia oscura?” Cuando vi cierta luz en su rostro supe que mi búsqueda había terminado. Me dijo: “Nos llegaron de importación cuatro ejemplares argentinos y sólo nos queda uno. Ahorita se lo traigo”. Se fue y regresó con el libro. Ahí empezó una especie de “apego al objeto”, quizá por eso tardé tanto en recorrer sus cauces.

Mi actividad lectora tuvo dos escenarios: la Ciudad de México y San José de Costa Rica. Por ello estuvo marcada por el dolor de haber acompañado a mi hija para que en esa ciudad de Centro América siga afianzando su vocación en la defensa de los Derechos Humanos. Ver el objeto-libro me remonta a esos días (del 2 al 7 de febrero) que sirvieron de espacio temporal para desprenderme por un semestre de los afectos cotidianos de La China.

¿Qué nos da La novia oscura? Primero, el goce de una historia contada por una periodista (anónima) que decide reconstruir —vía los relatos de los que la conocieron— la vida del personaje en sus tres tiempos: como niña-Sayonara-Amanda. Los días, las acciones, los sentimientos, las preocupaciones, los amores, los pesares y las felicidades de la protagonista son reconstruidos por el recuerdo hecho voz de Sacramento, Todos los Santos, Olguita, la Tana, la Fideo, Julio Montilla, el doctor Antonio María Flórez y Frank Brasco, entre otros, cuyo destino y vida pareciera que sólo tuvo una razón de ser: dar testimonio para que el lector conozca el misterio de Sayonara y su paso por la Catunga, en la ciudad de Tora, en donde ejerce el cumplimiento de su destino como prostituta.

Como todas las historias en las que el amor se convierte en germen de la fatalidad, en ésta el triángulo Sacramento-Sayonara-Payanés es el que marca los derroteros.

Te invito a que los descubras. Aprovecha que La novia oscura ya se edita y distribuye en México. Déjate seducir por los encantos de dos geishas colombianas: la novia de la Catunga (Sayonara) y la pluma mágica de la escritora (Laura Restrepo).

J. Antonio Galván P.
Tláhuac
24 de febrero del 2007

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